Los deepfakes son un fenómeno relativamente nuevo que generalmente no se entiende como una amenaza por el público en general pero que cada vez está dando más problemas. Si ya resulta difícil creernos lo que leemos, los deepfakes han conseguido que tampoco nos creamos lo que vemos. Es necesario que entendamos qué es un deepfake para poder mitigar el daño que pueden producir.

¿Qué son los deepfakes?

Un deepfake es un nuevo tipo de vídeo que se ha hecho popular en ciertas plataformas digitales en los últimos años. Se trata de una técnica que, mediante el uso de inteligencia artificial, superpone la cara de una persona sobre el cuerpo de otra. El software recoge el mayor número posible de imágenes de la cara de la persona que se quiere suplantar y crea un mapa. De ese modo se puede crear un vídeo en el que la persona suplantada parece estar hablando de manera real.

Programas como ReFace permiten hacer cosas similares, aunque mucho menos realistas ya que normalmente trabajan a partir de una sola imagen.

¿Cómo surgen los deepfakes?

Como muchas otras tendencias en internet, los deepfakes tienen sus raíces en la pornografía. Aunque la manipulación de imágenes ha existido durante muchos años, y la tecnología que la permite arrancó su desarrollo en los años 90, no fue hasta 2017 que los deepfakes alcanzaron la popularidad.

Ese año, un usuario de Reddit creó un repositorio en la red social en el que se compartía material pornográfico en el que las caras de los actores eran sustituidas por personajes famosos. Aunque el grupo fue cerrado en 2018, los vídeos siguieron circulando por la red.

Estos vídeos empezaron a generar mucha atención y varias empresas vieron la oportunidad de crear aplicaciones que permitiesen crear ese tipo de contenidos.

La tecnología detrás de los deepfakes también se usa en el cine, sobre todo en los casos en los que un actor fallece durante un rodaje y es necesario rodar las escenas restantes o cuando se quiere rejuvenecer digitalmente a los actores como en la película El irlandés de Martin Scorsese.

¿Cuál es el problema con los deepfakes?

Los deepfakes han sido hasta el momento un fenómeno curioso con un punto cómico. Así que nos podríamos preguntar que qué hay de malo en ello. Pero la verdad es que los deepfakes pueden crear serios problemas. Por ejemplo, las personas famosas cuyas caras se superimponen sobre las de actrices pornográficas no han dado su consentimiento para ello, probablemente tampoco estas últimas. Las implicaciones van más allá de los derechos de imagen y entran en el terreno del posible trauma emocional que pueden provocar en la persona suplantada.

Otro posible uso fraudulento de los deepfakes es la posibilidad de usar este tipo de vídeos para crear personalidades falsas online que luego se pueden emplear para acosar a personas o para el engaño. Por ejemplo, alguien puede abrir una cuenta en redes o en un servicio de mensajería como WhatsApp, crear vídeos y fotos usando una cara que no es la suya. Es lo que se denomina un sockpuppet.

Otro uso muy peligroso es el político. Es perfectamente posible crear vídeos de políticos en los que parecen decir cosas que realmente no han dicho. Hay que tener en cuenta que además de la imagen es posible usar técnicas de inteligencia artificial para imitar voces.

¿Qué podemos hacer ante un deepfake?

Los deepfakes van a mejorar mucho con el tiempo. Con suficientes recursos y tiempo, los resultados de un deepfake pueden ser casi perfectos. La tecnología será cada vez más avanzada y realista.

Aunque ya hay iniciativas para desarrollar software que identifique a los deepfakes, la realidad es que son muy difíciles de controlar. Lo mejor que podemos hacer es ser conscientes de que este fenómeno es una realidad y que, cuando vemos contenidos en internet, cabe la posibilidad de que hayan sido alterados.

Los ciudadanos necesitamos cuidar las fuentes de la información que recibimos y asegurarnos de que son de fiar. También debemos reaccionar y reportar a las autoridades cualquier contenido que sospechemos que sea falso y que pueda producir algún tipo de perjuicio.