El Reglamento General de Protección de Datos ha entrado esta pasada semana en un nuevo e inesperado terreno, el de la prensa del corazón. La ley europea, que está a punto de cumplir un año desde su aplicación, fue el fundamento del que se sirvieron los abogados del Príncipe Enrique de Inglaterra para sustentar la acusación de intromisión en la privacidad contra una agencia de noticias.

El caso en cuestión se remonta al pasado enero, cuando la agencia Splash News utilizó un helicóptero para tomar fotografías del interior de la casa del Príncipe Enrique y su esposa Meghan Markle. Estas fotografías aparecieron posteriormente en distintos medios y forzaron a la pareja a cambiar de domicilio.

El Príncipe Enrique interpuso una denuncia ante los juzgados de Londres y la sorpresa llegó en la argumentación legal que emplearon:

“Este asunto concierne una reclamación por mal uso de información privada, violación del derecho a la privacidad del duque bajo el artículo 8 de la Convención Europea de Derechos Humanos y violación del Reglamento General de Protección de Datos y la Data Protection Act 2018.”

La batalla entre famosos y prensa rosa por la protección de la privacidad viene de muy antiguo. Lo que resulta novedoso es que se use el RGPD como argumento legal apoyándose en el hecho de que las fotos robadas pueden constituir un tratamiento ilegal de datos personales.

Hasta el momento, el foco principal del RGPD se había puesto en el tratamiento de datos a gran escala como el que se da en plataformas digitales o grandes empresas de servicios. Pero de acuerdo con el argumento de los abogados del Príncipe Enrique, una fotografía de una casa, aunque esté desocupada, puede constituir un dato personal porque, entre otras cosas, puede revelar la dirección del domicilio de la persona.

El caso no llegó a juicio por lo que no sabemos la postura que habría adoptado el tribunal y las argumentaciones con las que habría respondido la defensa a la acusación. Finalmente, la agencia de noticias Splash News aceptó un acuerdo extrajudicial por el que tendrá que indemnizar a la pareja y emitir una disculpa pública.

La clave para los famosos está en la admisión de las fotografías como datos personales, un hecho que podría tener un enorme calado en la problemática relación que estos tienen con la prensa.

Los paparazzi tendrían que cumplir con el RGPD que, en su artículo 5, les obligaría a tratar los datos personales de una “manera lícita, leal y transparente en relación con el interesado” y a recogerlos “con fines determinados, explícitos y legítimos”. Esto supondría un cambio radical de su modus operandi habitual.